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ARTÍCULOS

Conéctate con tu Sabiduría Interior

Unos minutos de silencio

 

Estaba dándole una sesión de Renacimiento a una querida cliente. Esta chica es brillante y su inteligencia hace que constantemente cuestione cualquiera de mis planteamientos. Compartía que se sentía atrapada por todas las responsabilidades y roles que tenía en ese momento: un trabajo absorbente, una maestría en progreso, un apartamento nuevo con todo lo que implica y todas sus relaciones personales que demandan de ella. Esta chica decía que tenía unos estándares muy altos y que tenía que cumplir con todo y hacerlo de manera excelente. Agregaba, que lo ha logrado en el pasado y -aunque fuese a un costo muy alto para ella- era la forma como sabía hacerlo.

Siendo que  su mente es tan hábil -a pesar de que intentaba por uno y otro medio hacerle ver que esa forma de vivir la vida de alguna forma era una prisión que ella había construido-  una y otra vez me refutaba las preguntas o los planteamientos que le hacía. Mientras la oía, pedía guiatura a fuerzas mayores porque desde mi punto de vista estaba muy claro que no estaba atrapada, sino que sus decisiones estaban basadas en sus ideas de lo correcto y lo que debe ser.

En el Renacimiento, hay una parte donde se conversa, que yo digo que es el alimento para la mente y otra parte donde la persona se acuesta a respirar de una forma específica y hace contacto consigo misma. Siendo que no lograba mi cometido en el tiempo dispuesto para hablar, la invité a que hiciera la siguiente parte. Mientras lo hacía, observaba el comportamiento de su cuerpo y oraba para que ella pudiera encontrar las respuestas necesarias.

Al terminar de respirar y contarme su experiencia, me dijo que lo había entendido todo con una comprensión que no era de la mente, sino del corazón. Se había percatado que toda su vida se había identificado con sus roles como si ella fuera esos papeles que desempeñaba  y que eso era lo que la obligaba a desgastarse tanto demostrando que era buena en cualquier tarea con la que se comprometía. Finalmente me dijo: “esto desestructura todo lo que he creído y ahora me voy con una gran pregunta. Si yo no soy esos papeles, ¿quién soy yo?”

La profundidad de sus palabras eran tan reveladoras, que simplemente hice una reverencia para agradecer a Dios por tanta claridad. Agradecí al Dios o la sabiduría infinita que está dentro de ella, como dentro de cada uno de nosotros. La hora que estuvimos conversando no fue tan útil como esos minutos donde ella pudo respirar, estar con ella y así concluir todo lo que aquí comparto.

Escribo sobre esta vivencia, porque más que puedas pensar que esta es una experiencia de una extraña, ojalá puedas darte cuenta que en ti, como en cada uno de los seres humanos, se encuentra la verdad, la claridad, la sabiduría pues. Es el ruido de afuera y los condicionamientos los que nos hacen olvidarnos de quienes somos, del sentido de la vida y de nuestra conexión con Dios o la sabiduría infinita. Una razón por la que el Renacimiento me encanta es porque refuerza    -con esa respiración- la verdad de que las respuestas siempre están dentro de ti y que sólo tienes que aprender a escucharlas.

Si lo que aquí comparto te es valioso, pues entonces, intenta vivirlo tu.

Recomendaciones para conectarte con tu Dios interno:
1.- Tomate unos minutos diarios para estar en silencio.
2.- Practica alguna disciplina que te enseñe a meditar.
3.- Te recomiendo el capítulo 7 del libro de Bob Mandel, Maximízate 10 caminos para lograr tu potencial, titulado la búsqueda del Espacio Sagrado Interior.
4.- Si estas en un momento de decisión importante, busca ayuda, el Renacimiento es fabuloso y también hay muchas técnicas que se basan en hacer contacto con tu propia sabiduría.

Autor: Carla Acebey de Sánchez

Mujer, esposa, madre y empresaria. Renacedora profesional, certificada para liderar seminarios del Proyecto Internacional de Autoestima y coach de autoestima, actualmente ejerce como consultora organizacional y facilitadora en talleres, seminarios a grupos y sesiones individuales.