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ARTÍCULOS

El propósito o ¿para qué? de los desafíos

Todo tiene una para qué, debemos buscarlos

En medio de un mundo convulso y muchos desafíos, tal vez la mejor pregunta que podemos hacernos es ¿para qué? Es decir, cual es el propósito de que yo viva esta experiencia. Escribí este artículo con el deseo de que mires con otros ojos lo que estamos viviendo. Esto podría traerte calma y una compresión mas profunda de lo que ocurre. ¿Quieres? Eso espero, así que sigue leyendo…

Estamos aquí para aprender

Miro a este hermoso planeta como nuestro patio de juegos. Aquí vinimos a disfrutar, ser felices y también vinimos a aprender y crecer.

Sólo que a veces los juegos y la diversión son tan sabrosos que no queremos pasar por la fase de aprendizaje. Imagina a un niño en la escuela que sólo le gusta el recreo. Cuando la maestra le pone tareas o ejercicios, no quiere eso, sino seguir jugando y nada más. Pero en nuestro paso por la tierra, no podemos evitar las lecciones, porque no habría evolución, que es parte de nuestro propósito aquí.  Por eso, la vida -en su infinita sabiduría-  nos fuerza a crecer con lecciones que a veces son duras. Al superar esos desafíos nos hemos transformado de una manera que a veces ni siquiera alcanzamos a ver en su justa dimensión. Eso es lo que yo llamo el ¿para qué? de lo que vivimos.

Aquí te dejo este texto, cuya autoría desconozco y puede ser una forma un poco extrema de mirar lo que te estoy planteando:

«Si sólo la desgracia te sensibiliza, entonces la desgracia será tu Maestro.

Si sólo ante la carencia pones fin a tu arrogancia, entonces será la carencia tu Maestro.

Si sólo la enfermedad detiene una vida de abuso, entonces será la enfermedad tu Maestro.

Si sólo ante la tragedia te solidarizas, entonces será la tragedia tu Maestro.

Y cuando seas sensible, humilde, sencillo y solidario, sin necesidad de vivir la desgracia, la carencia, la enfermedad y la tragedia, entonces Tú serás El Maestro»

¿El para qué de este virus?

Durante años hemos estado tratando de que se entienda que somos uno. Somos hermanos de raza y cuando daño a otro, de alguna forma me estoy dañando a mí. Creo que ha quedado más que evidenciado que es así. El mundo es uno solo. Aunque algo ocurra a miles de kilómetros de distancia, me puede tocar. Igualmente, estamos viendo que tengo que cuidar al otro. Puedo hacerlo por él, compasión, solidaridad, pero también lo debo cuidar porque su bienestar es el mío.

En mis talleres y consultas he atendido a cientos de personas que una crisis en su existencia ha detonado que revise si vive verdaderamente la vida que quiere. Al ver la vida tan frágil como ahora, nos replanteamos todo. Nos damos cuenta de que no tiene sentido intentar encajar en las expectativas del otro o complacer a quienes creen saber que es mejor para nosotros. Estos tiempos nos ayudan a reflexionar que un día estamos y tal vez al siguiente no. Por tanto, en el tiempo que corresponda a cada uno hay que ser felices. Para eso debemos ser fieles a lo que nuestro corazón nos dicta, más que a cumplir con lo que se supone «debemos» hacer.

A veces hemos sido tan arrogantes creyéndonos los dueños del mundo. Hemos hecho con éste lo que nos apetece, irrespetando y tomando todo sin considerar el futuro o el daño que podemos estar haciendo. Pues resulta que algo microscópico mueve los cimientos de toda nuestra existencia. Este pequeño virus nos recuerda que somos vulnerables.

Hay miles y miles de aprendizajes que nos está dejando esta experiencia. Los ¿para qué? de los que te he hablado se pierden de vista. Aquí te dejo una de las reflexiones que se hizo viral, es bueno verla o recordarla.

Una vez que aprendemos

El resultado de una experiencia de desafío es nuestro crecimiento. Así, cuando superamos una prueba, si lo hemos vivido adecuadamente, nos hemos vuelto mejores en algo. Como dice en el escrito de más arriba, aprendemos a ser más sensibles o más compasivos. Las lecciones de la vida nos hacen más humanos y humildes.

Y luego vienen las recompensas, de haber superado la prueba. Más felicidad, consciencia, más armonía. Y también la mayor apreciación de algo que tal vez se daba por sentado. Depende de cada caso. Seguro tú podrás decir cuales son las bendiciones escondidas de este desafío.

Durante estos días he estado hablando que la situación es colectiva, pero la experiencia de la misma es individual. Es decir, que eres tú quien decide cómo quieres asumir este desafío. Ojalá quieras preguntarte ¿para qué estoy viviendo esto? A veces, cuando no tengo claridad, le digo a Dios: muéstrame el propósito, ayúdame a ver claramente ¿qué debo aprender?. Las respuestas van llegando, siempre. Porque  al darle espacio a la sabiduría que cada uno tiene, simplemente, ésta se muestra.

Aquí te regalo una traducción de un hermoso poema de la Italiana Irene Vella. En sencillamente hermoso. Confío en que cuando leas este texto, ya estemos viviendo «la fuerza de la vida» en toda su plenitud. Si no es así, confiemos en que pronto lo haremos.

Bendiciones para ti!

Confía en un final feliz

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Autor: Carla Acebey de Sánchez

Mujer, esposa, madre y empresaria. Renacedora profesional, certificada para liderar seminarios del Proyecto Internacional de Autoestima y coach de autoestima, actualmente ejerce como consultora organizacional y facilitadora en talleres, seminarios a grupos y sesiones individuales.